martes, febrero 09, 2010

Siempre en Otoño

A/N: Intrigante…al menos eso me han dicho. Gracias Bloodymaggie81 por tu apoyo, y por repetir tu review cuando borre la historia por error!!!(Dedillos torpes…).
En este nuevo capitulo, Bella comienza a recordar parte del pasado. Me gustaría leer sus hipótesis sobre lo que pudo haber sucedido entre estos dos personajes. ;)
La canción es ¨Love¨ by Rosey.
Disclaimer: Los personajes pertenecen a Stephenie Meyer y a nadie más…, yo solo los uso para que cuenten algunas de mis experiencias personales y otras prestadas. Moulin Rouge tampoco me pertenece, pero me encanta y le viene como anillo al dedo a esta historia.

  Siempre en Otoño














Capítulo 2: Love

Love, the kind that I've dreamed of
Well let's stop right here inside of me love
Love, if you ever find me I wonder
Will you try me I'm so different than before
Love, I am so different than before.




Septiembre 4, 2009
¿Porque ahora?, ¿Porque aquí?, ¿Que es lo que quiere…? Las preguntas se repetían en mi cabeza como un mantra. En medio del tránsito de las calles de New York, mi cabeza no dejaba de girar en torno a esas preguntas sin respuesta. ¡Debes concentrarte!...Ahora. ¡El no es importante!... Ya habrá tiempo para pensar en esto mas tarde.
¿Que quiere? ¿Por qué ahora? ¿….?
Alice escribía furiosamente en su Blackberry, y por ahora, se mantenía ajena al torbellino emocional en que me hallaba con todos estos sentimientos y recuerdos sobrecargando mi cabeza. Cada tanto levantaba la vista para mirar por el parabrisas. Seguramente estaba cerciorándose que yo aun recordaba las calles de la Gran Manzana. Durante años había logrado mantener mi fachada frente a ella; La distancia había colaborado bastante. Viviendo en distintos continentes, no era mucho el tiempo que habíamos tenido juntas, y en las contadas ocasiones en que yo había visitado mi país, con el correr de los años, nuestros encuentros solo nos permitían ponernos al corriente de lo que nos ocurría en esos momentos puntuales.
No que ella no hubiera intentado acercarse, pero yo siempre me ocupe de distraerla, de mantenerla en la periferia de mi vida… y me había dado resultado. No sé como logre que ella siguiera siendo mi amiga todo este tiempo. Sistemáticamente le fui cerrando las puertas, a cambio, afine el oído para escucharla, pero jamás le volví a confiar lo que sucedía en mi interior como solía hacer antes…
En verdad, eso es algo que no me volví a permitir con nadie, nunca más. Sin embargo, ella me aceptaba con mis limitaciones y me seguía manteniendo cerca, todo lo cerca que se podía, viviendo en la otra parte del mundo.
Un tiempo después de mi partida, Alice y Jasper habían profundizado su relación y ahora estaban felizmente casados. Un año después de su boda, a la que puntualmente no asistí, Jasper consiguió trabajo como segundo director de un musical en Broadway, y ambos hicieron las maletas y se mudaron a New York, donde residen desde entonces. Hoy estaban inmersos en este enorme y desafiante proyecto laboral, con algunos planes de índole personal brillando en el horizonte cercano, y tan enamorados como siempre.
Como anhele ese tipo de amor con los años…, la clase de amor que no ve obstáculos, que no reconoce barreras de ningún tipo, el que no renuncia nunca. El tipo de amor en el que no existen dudas ni competencias. Un amor perfecto…
******** ********
El sonido de las calles me trajo nuevamente a la realidad, mi amiga me observaba desde el asiento del acompañante con su mirada de halcón fija en mí, y yo sabía lo que se avecinaba.
“¿Que te gustaría hacer ahora, Bells?,” pregunto con tono inofensivo, “podríamos tomar una copa en tu hotel, o tal vez podríamos ir a casa a preparar la cena y charlar, y quizás después de un par de copas de vino, me dejes convencerte de que te hospedes con nosotros en lugar de esa fría habitación de hotel…” me dijo con la cabeza ladeada y achicando los ojos como un pequeño gatito.
“Alice, te lo agradezco, en serio, pero estoy muy cansada. ¿Podemos hacer todo eso mañana?” le pedí con la voz más dulce que encontré. “El vuelo ha sido eterno y luego…” Las imágenes de Edward en el teatro volvieron a mi mente con la velocidad de un rayo y la misma intensidad.
“Lo sé Bella, este ha sido un día bastante intenso para ti…”concedió resignada y comprensiva a la vez, aunque su tono contenía la promesa de que ella volvería sobre el tema…pronto.
Pero no esta noche. Yo sólo me permitiría esa licencia mucho mas tarde, cuando estuviera a solas, y eso era como un bálsamo para mi sistema nervioso. Al menos me compraría unas horas de tiempo para ordenar mis ideas, y acomodar mis sentimientos que al igual que mis nervios, estaban al límite.
Deje a Alice en su edificio con la promesa de llamarla a primera hora el día siguiente, y me dirigí al hotel sin más demoras. Fue agradable volver a ver las calles de New York, su gente, sus negocios. Al llegar, encontré el lobby del hotel atestado de huéspedes, algunos recién llegados, tratando de hacer el check-in lo más rápido posible, otros solo charlaban sentados en los cómodos sillones antiguos del salón de recepción. Una gran alfombra púrpura indicaba el camino para registrarse.
Todo el Gramercy Park estaba hermosamente decorado. Obras de arte de autores surrealistas contemporáneos se mezclaban con el mobiliario antiguo y tapetes del siglo pasado. En todos los ambientes predominaba el color púrpura y el rojo sangre… Con seguridad Ángela había pensado que ese seria un toque alusivo al musical que yo había venido a hacer…Moulin Rouge.
Si…, muy conveniente Angie, pensé para mi misma. Me sentí más relajada en cuanto entre al ascensor, el murmullo leve de las puertas cerrándose me proporciono un alivio inmediato. Unos minutos después estaba en mi suite, completamente silenciosa y cómoda… y solitaria.
El dia estaba terminando, finalmente, pero mi cuerpo no se daba cuenta del horario, el jet-lag, y un ex novio aparecido-de-la-nada-para-torturarme-nuevamente…también colaboraban para que mi cabeza no dejara de girar.
En vista de mi situación, pensé en hacer uso de alguno de los servicios del spa que tanto me había recomendado mi asistente. Llame a concerjería para averiguar si podía tomar alguna de mis citas, lamentablemente el personal ya estaba designado a otros huéspedes, de modo que me resigne a un baño de inmersión en mi propio cuarto.
Baje las luces del cuarto de baño y encendí unas velas que estaban junto al jacuzzi. Comencé a quitarme la ropa mientras tiraba unas sales aromáticas en el agua. Pensé en lo inesperado de este encuentro con Edward, y a la vez, habiéndolo resistido por tantos años, no me parecía lógico sentir sorpresa. Pero ese era el efecto que el siempre había tenido en mi.
Su energía me consumía, era como si él me robara el alma con solo mirarme y yo cayera presa de esa mirada, cada vez. Esas luciérnagas verdes tienen el poder de transportarme en el aire, me envuelven, me aprisionan, y yo no puedo resistirme, nunca pude…
Entonces recordé todo aquello, todo lo que estuve intentando olvidar, todo lo que quise erradicar de mi memoria, lo que necesite borrar por completo, con la única, imperativa y humana motivación de sobrevivir…
Calor. Incomodidad. Corriente eléctrica.
El había tomado mi mejilla con su mano y una corriente eléctrica recorrió todo mi rostro. El rubor fue inmediato, la sorpresa instantánea. No había forma de que yo hubiera podido anticipar la intensidad de mi respuesta y, claramente, no estaba preparada para la abrumadora calidez de su cercanía.
Su verde mirada era algo completamente irresistible, como una fuerza invisible que me arrastraba hacia el abismo. Mientras sus ojos se fundían en los míos, una sombra de duda se reflejo en ellos. Incertidumbre tiñendo el verde de esos ojos, que sin embargo seguían acercándose, acortando centímetro a centímetro, la distancia entre nosotros. Una pregunta se disparaba silenciosa desde su mirada, me estaba pidiendo permiso...
Ese había sido el momento exacto en que me perdí a mi misma en la vorágine de sensaciones que me embargaban…nada volvería a ser lo mismo. Aun con mi corta edad de entonces, yo había sabido que ese momento marcaría un antes y un después en mi historia, y aun así, no pude resistirme, no quise…
El seguía demorando el encuentro, se movía como en cámara lenta, como si el tiempo se hubiera detenido a nuestro alrededor. Entonces, yo asumí el reto… Me lance a cubrir la ínfima distancia que separaba su boca de la mía, sin pensar en nada, que no fuera descubrir la clave de este misterioso impulso que, entonces, se había apoderado de mi voluntad.
Al principio nuestro beso se sintió extraño, desconocido. Titubee. Pero entonces, me arrolló la dulce trampa de su aliento cálido sobre mis labios, y un gruñido se escapo de mi garganta. Para mí, dejaron de existir los testigos súbitamente silenciosos, y las cámaras, así como cualquier rastro de pudor por estar besando a este desconocido. Yo no podía permitir que nada se interpusiera entre nosotros…, y entonces, la hoguera se había desatado en nuestras bocas, que ahora estaban conociéndose, explorando, danzando juntas por primera vez.
El se pego a mí, ya sin vacilaciones. Yo sabía que el también lo estaba sintiendo y me entregue al impulso de traerlo más cerca. Pase los brazos por sobre sus hombros, con cautela al principio, pero sobrepasada por la pasión de su respuesta, enrede los dedos en su hermoso cabello broncíneo, y fue como si nos hubiera atrapado una ola grande, violenta e irresistible.
No podía pensar claramente, solo sabía que no quería que esta experiencia absolutamente nueva y sorprendente terminara jamás.
Después de todo si existía la química instantánea, quien lo hubiera creído…, yo seguro que no.
Siempre había tenido una posición muy taxativa, en contra de la conveniente excusa de muchas de mis amigas, para justificar su conducta poco responsable. Me había reído de ellas en mi fuero interno, se veían tan tontas queriendo explicar, como una suerte de mandato hormonal, el haber tenido contactos sexuales con parejas ocasionales. Yo sabía que lo habían hecho movidas por la lujuria y eso no tenía nada de malo, para ellas…
Para mí la historia era diferente. Yo había encontrado el amor en Jacob Black, mi mejor amigo. No lo supe inmediatamente; Siendo hija única, el había sido mi compañero de juegos de la infancia, mi salvador en los primeros años de escuela, donde siempre fui el blanco de las burlas de parte de mis compañeras, que me veían como la estrellita adolescente, y eso por algún motivo, las volvía inseguras e hirientes.
Jake era el hijo de Billie, el mejor amigo de mi padre, y nos habíamos conocido desde niños. Crecimos casi como hermanos, no hay recuerdos de mi niñez en los que él no aparezca, con su sonrisa brillante y su hermosa piel aceitunada. Lo ame por toda mi vida, y cuando lo bese por primera vez, sentí una miríada de mariposas dentro de mi estomago.
Teníamos quince años y yo aun no había besado a ningún chico, lo convencí diciéndole que tenía que practicar para el personaje de mi próxima película. Era un rol pequeño, yo sería la amiga adolescente de la protagonista y me tocaba besar a un actor un poco mayor que yo. Cuando le plantee mi problema de inexperiencia, el entendió. Yo no quería que mi primer beso fuera con un total extraño y entonces, accedió a practicar conmigo.
¨Está bien Bells, lo hare…¨ me había dicho aquella tarde, tomando mis manos entre las suyas. ¨Tu solo quédate quieta, muy quieta…¨ y yo lo hice. Sus labios carnosos se sintieron cálidos contra los míos, y suaves, como si me acariciaran y entonces, lentamente abrí los míos para dejarlo explorar mi boca. El amor que nos teníamos, la confianza, la historia que teníamos juntos se volcó en ese beso y marco el comienzo de nuestro noviazgo…
Nuestra relación cambio a partir de entonces, y ambos creímos que era algo natural sentirnos atraídos mutuamente, su presencia en mi vida había sido siempre una constante, por lo que a nadie le extraño que nuestro vínculo cambiara una vez que alcanzamos la adolescencia.
Siempre habíamos sido inseparables, compañeros, camaradas… y a los quince años no se sabe más.
Lo mío fue la actuación siempre…, como hija única me he pasado la vida hablando con amigos invisibles, o montando numeritos para convencer a mis padres para que accedieran a alguno de mis caprichos. Había añorado tener una hermana desde muy pequeña, alguien con quien jugar, a quien no le importara tomar el té ataviada con las ropas de mi madre, o con quien hablar de chicos en la escuela.
Jake hacia lo que podía, aunque no le convencía dejarse maquillar durante mi etapa experimental con los cosméticos de mi madre… En cambio, compartía mi amor por los animales, y de pequeños nos dedicábamos a rescatar perros y gatos abandonados, alimentándolos y tratando de encontrarles un hogar. Nos acompañábamos y complementábamos a la perfección. El me entendía mejor que nadie en el mundo y eso era todo lo que yo necesitaba…
Y allí me encontraba yo, tres años más tarde, besando a un desconocido como si mi vida dependiera de ello. Claramente, nunca se me había presentado una situación similar, mi experiencia sexual se limitaba a los besos de Jacob, y nuestros intercambios amorosos eran dulces y nada avasalladores. Yo siempre estaba en control de las situaciones con él, y Jake entendía y respetaba mis tiempos…pero en ese momento, todas mis convicciones previas simplemente se habían esfumado.
Para mí era importante no apresurarme y Jake parecía estar de acuerdo con mi requerimiento, nunca me apresuro, el solo dejo que yo decidiera cuando y como... y yo no había sentido nunca aquella urgencia física, el impulso del que hablaban mis amigas, ese algo que me llevara a ceder el control...
Pero ese día se había presentado, finalmente, y había borrado toda voluntad y conocimiento que yo poseyera. En mi mente aparecían explicaciones racionales, para esta situación, pero las fui descartando una a una, a medida que me envolvía en el impostergable magnetismo que emanaba de este dios de cabellos alborotados.
Finalmente, recurrí al último pilar del que podía sostenerme para luchar contra este huracán que sacudía mi interior.
Mi trabajo. Esto era trabajo, yo era una actriz, el era un actor y este beso era solamente…parte de un libreto.
“¡Corte!” grito el director y ambos nos sobresaltamos.
¨Bueno ¿listo?, creo que salió bien, ¿no?…¨ soltó el, algo avergonzado. Su mirada busco mis ojos y una sonrisa tímida apareció entonces en su cara y yo comprendí que, definitivamente, el también lo había sentido.
¨Si…, es-estuvo bien, supongo…¨ tartamudee, con la respiración aun agitada y la sensación de tener pequeñas hormiguitas caminando sobre mis labios y el corazón martillándome el pecho, como queriendo escapar de mi para volver a su lado.
¨Bien chicos, escuchen, ¨ pidió el director. ¨Yo creo que eso estuvo bastante bien… ¿Ustedes se sintieron cómodos?...¨ pregunto, mientras cruzaba los brazos sobre su pecho y ladeaba la cabeza obviamente interesado en escuchar nuestras respuestas.
Bueno, comodidad no es un adjetivo que yo usaría para describir como me siento ahora mismo…pensé, acomodando mi camisa, sorprendida de descubrir que por algún motivo se había levantado hasta el comienzo de mi cintura.
El solo se quedo allí, mirándome como si me hubiera crecido una segunda cabeza sobre los hombros…“Si, claro…cómoda,” balbucee, y mis palabras sonaron algo apresuradas. ¿Pero qué otra cosa podría decirle? No, disculpe, ¡mi frecuencia cardiaca no resistiría otro beso como ese! No, lo siento, pero dudo poder recordar mis líneas si él me abraza…
“Si. De todos modos creo que no estaría mal ensayarlo un poco más…”dijo Edward repentinamente reservado y serio, como si no lo hubiera convencido nuestro intercambio, como si para él hubiera sido algo defectuoso o mejorable…, y entonces me miro de costado y una sonrisa torcida apareció en su cara.
Y yo hubiera querido asesinarlo en ese instante, o besarlo de nuevo para enderezar esa sonrisa...
Edward. Edward Masen.
Mi demonio personal, mi pesadilla instantánea, otra vez mi co-protagonista…
Mío. Pensé, mientras tomaba un toallónpara salir del jacuzzi.
¿Qué? ¿Y de dónde mierda salió eso…?

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