domingo, noviembre 21, 2010

Deja Brillar Tu Luz - Capítulo 7 - Oxígeno


Volvimos de la playa hacia la casa y yo me subí a la cama mientras Edward se vestía para cazar. Me sentía agotada, y él necesitaba correr.
No hablamos mucho; nuestro silencio estaba lleno de toda la pasión que ninguno de nosotros podía expresar en palabras.


Edward me besó suavemente y salió por la puerta, con la promesa de volver antes de que me despertara.
Tan pronto como desapareció su figura, bajé de la cama y caminé hacia la maleta. Busqué el pequeño bolso de satén que contenía el hermoso negligé rojo. Apoyé la tela suave sobre mi cuerpo, mi piel aun extremadamente sensible por los besos febriles de Edward en la playa.
Miré la tanga que hacia juego y suspiré, las puse nuevamente dentro del bolso.
Me arrastré en la cama, cubriéndome con las sabanas, mi cabeza regocijándose en las almohadas de pluma, y el sueño me tomó inmediatamente.
Desperté y sentí los brazos frescos de Edward alrededor de mí.
Él estaba encima de las sabanas, no queriendo perturbar mi sueño acogedor.
“Mmmm,” gemí en su pecho, acercándome.
Él se inclinó hacia mí y presionó sus labios sobre los míos suavemente.
Sus dedos tocaron mi pelo, mi cara, su pulgar se arrastró a lo largo de mi labio inferior.
“Bella, son sólo las 2. Duerme.”
Su voz era profunda, calma. Un susurro frío contra mi oído. Mi cuerpo respondió inmediatamente; Edward se rió entre dientes.
“Debería haber mantenido mi boca cerrada, aparentemente.”
Tiré de él encima de mí, tironeé para sacarle la camisa sobre su cabeza, mis manos subieron de sus hombros a su cuello, sosteniendo su cara contra la mía.
Todavía estaba medio adormilada, mi cuerpo se sentía lento y caliente. Edward se incorporó y arrancó sus jeans, después tiró de las sábanas y se metió dentro de ellas conmigo, jadeando.
“Bella.”
Él se arrodilló en la cama a mi lado, mirando en mi cuerpo en el negligé rojo. Se arrastró hacia mí y montándose a horcajadas sobre mis rodillas, sus muslos a cada lado de los míos.
Estiré mis brazos sobre mi cabeza, desperezándome.
Edward contuvo su respiración y después exhaló en un suspiro largo. Bajó sus manos sobre mis muslos, con tanta suavidad que yo apenas podía sentir sus dedos. Él presionó sus manos contra mi piel y las empujó hacia arriba al borde de la bata, apenas debajo de mis caderas.
Empujó la tela hacia arriba levemente, sus manos ahora a ambos lados de mis caderas, sus pulgares frotaban ligeramente la piel suave de mi vientre justo debajo de mi ombligo. Sus pulgares encontraron el sector donde se sentía mi pulso. Mantuve los brazos sobre mi cabeza, estirando mi cuerpo para que él explorara.
Mis ojos todavía estaban nublados por el sueño y la oscuridad del cuarto, la única luz que entraba era la de la luna afuera. El cuerpo de Edward resplandecía. Me sentía pesada por la sensualidad que despertaban en mis músculos agotados las caricias deliberadas y reverentes de Edward.
Él aflojo el lazo de mi bata bajándolo por mis caderas y luego lo enroscó en sus dedos, sacándolo por encima de mi abdomen, hasta alcanzar mis pechos. Tomó ambos en sus manos y comenzó a masajearlos suavemente, gimiendo mi nombre.
Su cuerpo se endureció contra mis piernas. Sus ojos miraron fijamente mis labios; mi boca se abrió levemente, mi respiración se volvió más fuerte. Con excepción de mi respiración, todavía no me había movido. Quería que él me moviera cómo él quisiera.
Como si leyera mis pensamientos, Edward nos volteó en un movimiento rápido, colocando mi cuerpo encima del suyo. Él me empujó hacia el usando el cordón de mi bata, sintiendo mi cuerpo debajo de la tela suave de mi lencería. Mis caderas montaron su cintura a horcajadas, sus rodillas se doblaron detrás de mi espalda.
“Edward…” Susurré, apoyando mi cuerpo contra sus piernas, queriendo que bajara sus rodillas y me dejara bajar sobre él, sobre su dureza que se filtraba detrás de mí, tentándome.
Él levantó mis caderas y justo cuando creí que él iba a bajarme sobre él y a penetrarme, él puso mis caderas sobre su cara, mis rodillas quedaron a cada lado de su cabeza, sus ojos clavados en los míos.
“Bella, necesito hacer esto.”
La voz de Edward sonaba casi agónica, y yo no podía comprender qué le sucedía, mi cabeza seguía nublada por el calor de sus palabras y la frialdad de su respiración en mis muslos. Su respiración fresca era rápida, mi sexo a apenas centímetros de su cara.
“Dios Bella, necesito esto tanto.”
Mis caderas se sacudieron en sus manos. Me tomó casi todo el control que tenía no empujarme contra sus manos y bajar mi cuerpo sobre él. Me contuve, para dejarlo conducir el momento, mi respiración era dura y rápida.
“Creo que será más fácil de esta forma, la primera vez, para lograr que la cantidad de veneno que te toque sea mínima. Gravedad…” masculló, sus ojos miraban fijamente mi cuerpo suave sobre él.
Bajó sus manos y apoyé mi cuerpo sobre él, reclinando mis rodillas a los lados de su cabeza. Él me impulsó sobre él con una mano en mi muslo externo, su otra mano apoyada en la otra pierna en mi muslo interno.
Su lengua fría se arrastró a lo largo de mi piel, y él gimió en voz alta contra mí, su cuerpo se convulsionó en el contacto. Grité, empujando mis caderas abajo contra él por un momento antes de retirarme lejos de su cuerpo, arrodillándome otra vez sobre él. Mis ojos se cerraron y mi cabeza cayó hacia atrás en completo éxtasis.
Su boca estaba fría, como una menta fuerte. Pero era más que eso: su tacto hizo que sintiera más de lo que nunca había sentido, él había hecho que yo sintiera como si repentinamente, mis terminaciones nerviosas hubieran crecido exponencialmente, donde su lengua me había tocado. Aún más, la sensación se extendía desde donde su lengua había tocado mi carne suave, hacia dentro de mí y a través de mis muslos.
Mi cuerpo ardía frío, un hermoso fuego frío, chispeante. Era como si mi cuerpo entero fuera tan sensible como esa pequeña parte de mí. Me sentía… increíble, ya en el borde del clímax con apenas la memoria de su boca en mí y la sensación del veneno que se extendía por mi carne. Mis caderas todavía se movían. Gemía. Recién comenzaba a entender lo que estaba sintiendo.
Edward decía mi nombre, con urgencia. Lo oí decirlo dos veces.
“Bella. Bella.”
Sus manos frotaron mis muslos, ansiosos.
Abrí los ojos y lo miré, la sensación desaparecía, mi cuerpo volvía a entrar en órbita.
“Edward. ¡Oh mi dios!”
“¿Bella? ¿Te lastimé?”
Sus ojos mostraban preocupación y comenzaron a relajarse solamente cuando encontraron los míos.
“No.” jadeé.
Había perdido totalmente mi habilidad de formar palabras. Mi boca colgaba abierta. Lo miré fijamente, shockeada. Mi cara explotó en una sonrisa enorme, y exhalé poderosamente, sosteniendo mi respiración.
“No, Edward… Necesito más.”
Puse mis manos en su cara y luego contra mi propio pecho, todavía intentando calmar mi respiración.
Podía sentir sus caderas chocando detrás de mí en respuesta a mis palabras, sus manos apretando mis muslos casi por reflejo.
Él murmuró mi nombre, besando y lamiendo el interior de mis muslos mientras que yo luchaba para recuperar la calma. No estaba seguro cómo iba a sobrevivir esto, si mi corazón iba a literalmente estallar en mi pecho cuando su lengua tocó mi sexo otra vez.
No tenía ni idea de qué pasaba por su cabeza en ese momento. Todo lo que sabía era que yo necesitaba sentir eso otra vez, y ahora.
Sus manos me impulsaron a bajar mi cuerpo otra vez y yo accedí inmediatamente. Su boca estaba abierta y se sentía suave cuando él me envolvió completamente, sus labios fríos rodeaban mi clítoris, su lengua se empujaba contra él, insistente.
Jadeé, sintiéndome incapaz de respirar, pero sabiendo que lo estaba haciendo, aunque rápido y con dificultad otra vez. No había palabras para describir la sensación, mi orgasmo me envolvió inmediatamente, moviendo de un tirón mi columna vertebral al revés, y habría caído si él no hubiera estado sosteniendo mis muslos con un apretón firme. Podía sentir como sus dedos contusionaban mi piel y no me importó.
Le grité a Edward, incoherentemente, diciéndole que acababa, muy fuerte.
Él gimió duramente contra mí, su boca llegaba a ser febril en mí, y lo oí gritar, “mi dios Bella… sí…”. Y entonces mi orgasmo se repitió. Otra vez, el rubor delicioso del frío que cubría mi cuerpo entero, cada pulgada de mi piel, y gemí su nombre, pidiéndole, rogándole que nunca se detuviera, que nunca me dejara ir.
“Nunca, Bella….” Él gimió contra mí.
Siempre que pensaba que un nuevo orgasmo había comenzado, me daba cuenta de que nunca había parado, mis caderas se deslizaban sobre Edward, su boca constantemente en mí, lamiendo mi carne, su lengua empujando dentro de mí. Nuestros movimientos eran una sinfonía, alineada perfectamente.
Edward gimió en mí repetidamente. No podía mirarlo, no podía hacer que mi cabeza cualquier cosa que no fuera arquearse hacia atrás, mi cuerpo se había congelado sobre él, trabado en un solo clímax, hermoso, interminable.
Mi piel se sentía como cubierta de pequeños copos de nieve, pero mi sexo quemaba contra la boca de Edward. Sabía que él movía su boca, yo sentía la presión dentro de mí, dos, tres de sus dedos empujaban dentro de mí mientras que su lengua los acompañaba. Pero estas acciones eran solamente ideas dentro de mi cabeza. No podía establecer claramente sus movimientos exactos más de lo que habría podido señalar al norte o aún poder decir mí nombre si me lo estuvieran preguntando.
Sentí mi brazo dirigirse detrás de mí, para tomar su miembro duro en mi mano y apretarlo. Me oí lloriquear, mi necesidad de él estallaba con ese contacto.
Todo se puso negro.
*****
Oí solamente el sonido de mi propio latido del corazón que competía con, mi respiración desigual en mi pecho. Mis brazos y piernas se sentían pesados como plomo.
“Bella.” La voz de Edward sonaba lejana.
“Bella.” Más cerca.
“Bella.” Justo sobre mí. Abrí los ojos, y centellearon, intentando adivinar su silueta en el cuarto oscuro.
Edward exhaló y sonrió mirándome.
“¿Qué pasó?” Pregunté deslumbrada, sintiendo mi cuerpo total y deliciosamente pesado.
Una risa se formó repentinamente en mi pecho, el momento destellaba en mi cabeza mientras que entendía que literalmente, me había desmallado mientras que Edward me daba sexo oral.
“Me diste un susto de muerte cuando te caíste hacia atrás. Pero luego me di cuenta que habías estado hiperventilando.”
Acarició ligeramente mi cara, y noté que él no podía parar de sonreír.
“Soy muy bueno” se rió, y su risa sonó profunda y felíz.
“No podés esperar para contarle a Emmett sobre esto, ¿verdad?”
Pregunté, riendo, y poniendo mi cara entre mis manos para calmarme.
Su cabeza bajó contra la almohada a mi lado, su risa hermosa hacía eco en las paredes.
“No hay chance. La imagen de ti sobre mí…” suspiró, “es solamente para mí, para recordarla a cada segundo de cada día.”
Sus palabras hicieron que me ruborizara de deseo.
“Vamos a tener que trabajar para mantener mi respiración bajo control. Esto, puedo necesitar que me lo hagas por días.” Dije sedosa, estirando mi cuerpo al lado de él y arrastrándome encima suyo.
“Te voy a estar rogando para hacerlo,” me contestó, y su voz se volvió repentinamente seria, sus ojos eran fuego.
“Bella, no puedo encontrar palabras para describir cómo se siente tenerte contra mis labios.”
Lo miré, sonriendo, mi cuerpo todavía se sentía como una piscina brillante de agua fresca.
“Dime que esa sensación no se irá. Nunca me transformare en vampiro si esta sensación se va.” Le dije medio en broma y también un poco enserio.
CHICHIS;
QUE CAPITULO, NO??? UFFF...POR ACA HACE UN CALOR!!!JAJA
LES GUSTO???
QUIERO COMENTARIOS!!!
BESITOS CULPOSITOS,
LADY G

3 comentarios:

Cyn dijo...

Lady G!!!menos mal que aca llueve y refresco porque de lo contrario me hubiera derretido con este capitulo tan HOT!!!

Anónimo dijo...

hey... dios! q calor hace!!! espero q pronto publiques el siguiente cap!!!

Paola Guevara dijo...

ohhh amé los caps, soy nueva lectora y me encanta y la musica del blog es excelente tienen a todos mis artistas favoritas je je. Sigan adelante aunque extraño un poco las imagenes

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